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La escultura griega del final del clasicismo

11:41 pm en Escultura, Grecia, Historia de gentearte

La escultura griega del final del clasicismo.

La obra de Praxíteles El escultor Escopas Lisipo, prolífico escultor La escultura arquitectónica y el relieve en el siglo IV a.C. Las estelas funerarias

La escultura exenta del siglo IV a.C. continúa estilísticamente las características del siglo precedente, pero incorpora la representación plástica de las emociones, así como un naturalismo mayor y el tratamiento de la textura en los ropajes. Otra característica importante del momento será la personificación de ideas abstractas, como la paz, o de distintos estados de ánimo. A través de los escritos antiguos y también de los fragmentos de pedestales de las estatuas se conocen los nombres de tres de los escultores más importantes del siglo: Praxíteles, Escopas y Lisipo.

La obra de Praxíteles

El Hermes de Praxíteles (Museo de Olimpia) ilustra las nuevas tendencias de la primera mitad del siglo IV a.C. Fue hallado bajo el templo de Hera, en Olimpia, y aceptado como original, aunque ello se cuestiona en la actualidad. En todo caso, si no es obra auténtica de Praxíteles, puede suponerse que se trata de una copia bastante antigua. Es en realidad un grupo escultórico, que muestra a Hermes, el mensajero de los dioses, tomando en su brazo izquierdo a Dionisos niño, que, en actitud juguetona, intenta alcanzar probablemente un racimo de uvas sostenido por el brazo derecho -en la actualidad perdido- de Hermes. La mirada del dios, nostálgica y tierna, y la relación que se establece entre ambos son rasgos nuevos para la época clásica. La musculatura de Hermes está tratada suavemente, sin la dureza o angulosidad de los modelos del escultor Policleto. La curva que describe su postura se ha denominado, por esta razón, «praxiteliana».

Así mismo, el escultor Praxíteles es famoso por incorporar el desnudo femenino como tema nuevo en el arte griego. Su creación más admirada en época antigua fue la Afrodita de Cnido, encargada por los habitantes de dicha ciudad. El original está perdido y sólo se poseen variadas copias romanas (Museos Vaticanos, Roma) que muestran la figura desnuda de la diosa, en contrapposto, cubriéndose el pubis y sosteniendo sus ropas por encima de una tinaja destinada al baño -que actúa a la vez como soporte de la figura en mármol-, como si hubiera sido sorprendida.

El escultor Escopas

Contemporáneo de Praxíteles, Escopas fue conocido por representar posturas complicadas y contorsiones, así como por la expresión plástica de la emoción y el dramatismo. Hacia 340 a.C., trabajó en la decoración escultórica del templo de Atenea Alea en Tegea, conservada sólo fragmentariamente (Museo de Tegea). Se le atribuye además la Ménade danzante (siglo IV a.C., Albertinum de Dresde), también llamada orgiástica. Conocida por copias, aparece semidesnuda y en una postura casi serpentinata, fuera de lo común para la época.

Lisipo, prolífico escultor

Lisipo fue un escultor que vivió a fines del período clásico. Su mayor aportación fue la introducción de la diversidad de puntos de vista en una sola pieza. Sus obras, conocidas sólo por copias romanas, suponen la superación del canon de Policleto -dándole mayor esbeltez- y el tratamiento detallado de las superficies. Una de sus esculturas más famosas, originalmente en bronce, es el llamado Apoxiomeno, atleta quitándose el polvo y el aceite de su brazo con un instrumento para tal efecto, que está perdido en la copia romana en mármol (Museos Vaticanos, Roma). La postura recuerda el contrapposto de las obras de Policleto, pero aquí no hay alternancia entre partes relajadas y partes tensas del cuerpo, ya que el joven ha sido captado en una acción casi anecdótica. El avance de ambos brazos, que supone que uno quede tapado por el otro, sugiere que la obra tiene otros puntos de vista, además del estrictamente frontal, pues de no ser así no podría captarse su tridimensionalidad.

Según las fuentes, Lisipo también fue conocido por sus grupos escultóricos y sus figuras colosales, entre las cuales destacan la escultura del musculoso héroe Heracles y los retratos de Alejandro Magno, para quien trabajó. El reflejo de personalidades concretas a través del retrato tendrá un gran desarrollo en época helenística.

De la segunda mitad del siglo IV a.C. se tienen también algunos bronces originales, procedentes mayoritariamente de pecios, como el llamado Joven de Anticitera (Museo Arqueológico Nacional de Atenas), datado hacia 340 a.C., que parece asimilar el estilo de Policleto juntamente con el de Lisipo.

La escultura arquitectónica y el relieve en el siglo IV a.C.

Entre los relieves arquitectónicos más destacados del período se cuentan los frontones del templo de Asclepio en Epidauro (Museo Arqueológico Nacional de Atenas), obra de Timoteo realizada hacia 375 a.C. Los temas tratados son la toma y saqueo de Troya, al este, y una escena de combate entre griegos y amazonas, al oeste, rompiendo así con la tradición clásica según la cual la ornamentación de los frontones debía relacionarse con la personalidad de la divinidad a la que se dedicaba el templo. En cuanto a la técnica el tratamiento de las figuras deriva directamente de la tradición ática de fines del siglo V a.C., pero la actitud de los personajes, la fuerza del movimiento, la violencia del gesto confieren a estas obras un dramatismo superior a las del primer clasicismo.

Las estelas funerarias

En el campo del relieve no arquitectónico destacan, especialmente, las estelas funerarias áticas, cuya producción se inicia en torno a 430 a.C. y perdura hasta el final del siglo IV a.C., cuando nuevas leyes antisuntuarias vuelven a limitar los gastos en monumentos funerarios. Las estelas de este período son, por lo general, más anchas y bajas que las del período arcaico, lo que permite representar varias figuras, y muy a menudo tienen un aspecto arquitectónico, ya que están enmarcadas por dos pilastras y coronadas por un frontón.

Los personajes representados en estos monumentos son mucho más variados que en época arcaica, puesto que incluyen tanto figuras masculinas como femeninas, de edades muy diversas y a menudo asociadas formando grupos. Las escenas más corrientes son las despedidas de los familiares o de los objetos y animales domésticos predilectos, pero no faltan los temas militares. La calidad escultórica de estos materiales es, lógicamente, muy variable, pero a menudo notable y, tratándose siempre de obras originales, permiten obtener una visión fidedigna de la evolución estilística de la escultura de la época. Así, las piezas más antiguas recuerdan directamente la escultura del Partenón, no sólo desde el punto de vista técnico, sino también por la solemnidad y falta de expresión de las figuras. Con el paso del tiempo, el relieve va adquiriendo profundidad, hasta convertirse casi en figuras exentas (segunda mitad del siglo IV a.C.). Al mismo tiempo, las figuras, siguiendo las tendencias de la época, ganan en naturalismo y en intensidad emocional, hecho que se traduce generalmente en una expresión de tristeza.

Hermes de Praxíteles (Museo de Olimpia, Grecia)

Apoxiomeno (Museos Vaticanos, Roma)

La escultura arquitectónica del clasicismo pleno: el Partenón

1:32 am en Arquitectura, Escultura, Grecia, Historia de gentearte

La escultura arquitectónica del clasicismo pleno: el Partenón

El Partenón es, lógicamente, un punto de referencia obligado para el estudio del relieve arquitectónico de este período, tanto por la profusión de decoración escultórica como por la calidad extraordinaria que presenta. En líneas generales, conviene destacar el movimiento contenido de las escenas y la escasa expresividad de las figuras, que contrasta con la vivacidad alcanzada en el frontón oeste de Olimpia y también con obras inmediatamente posteriores, como los relieves de la balaustrada del bastión de Atenea Niké, en la misma Acrópolis de Atenas o el friso de Bassae.

Los frontones, muy degradados, son la parte peor conocida, aunque su aspecto aproximado puede ser reconstituido a través de la descripción de Pausanias y de los grabados realizados en el siglo XVII.

En el lado occidental se narraba la disputa entre Atenea y Posidón por la posesión del Ática. Junto a los carruajes de ambas divinidades aparecen, representadas a menor escala, otras figuras que, probablemente, corresponden a reyes y héroes del Ática. En el frontón oriental se evocaba el nacimiento de Atenea. En uno y otro caso se representa el momento inmediatamente posterior a la acción: Atenea aparece a la izquierda de Zeus en el lado oriental; y el olivo que simboliza la victoria de la diosa ocupa el centro del frontón occidental. El énfasis narrativo se sitúa, como es lógico, en el centro de la composición, pero, a diferencia de los precedentes inmediatos -Olimpia, Egina-, ésta no se basa en una gran figura central que ocupa el eje de simetría, sino en la combinación de distintos personajes, mientras que el resto de figuras se agrupa en conjuntos de dos o tres.

Estas figuras eran exentas y la mayoría estaban acabadas incluso en la parte posterior, no visible una vez colocadas en el frontón. Uno de los fragmentos mejor conservados (Museo Británico de Londres) corresponde a las figuras de tres diosas, posiblemente Leto, Ártemis y Afrodita, del ángulo septentrional del frontón oriental, en el cual es posible apreciar el tratamiento detallado que se da a la vestimenta. Ésta parece, a menudo, adherirse al cuerpo que cubre, como si estuviera mojada o impulsada por un viento violento. En el lado opuesto, la figura echada muestra ya el completo dominio de la representación del desnudo masculino.

Todas las metopas del Partenón (un total de noventa y dos, de las cuales sólo han llegado hasta nuestros días diecinueve, localizadas en el mismo templo o bien conservadas en el Museo Británico de Londres) tenían decoración esculpida, con una temática variada. La calidad de estos relieves es muy desigual, lo que refleja que fueron muchas las manos que intervinieron en su realización, pero existe en todos ellos una unidad de concepción que permite atribuir a Fidias su diseño.

El friso interior del Partenón

El friso interior (los paneles están repartidos entre su primitivo emplazamiento, el Museo del Louvre de París, el Museo Británico de Londres y el Museo de la Acrópolis de Atenas) se extendía por los cuatro costados de la naos, en una longitud de 120 metros, y representaba, en un relieve muy bajo, una procesión de carros, jinetes y personajes a pie conduciendo animales al sacrificio. Era, en realidad, una alusión a la procesión panatenaica, que se celebraba cada cuatro años, durante la cual se llevaba a la Acrópolis una vestimenta nueva para la vieja estatua de madera de Atenea. Se trata, pues, de una escena real, aunque de carácter religioso, lo que supone una novedad radical en la decoración del templo griego.

La narración parte del lado oeste y se desarrolla al norte y al sur en dirección a la fachada oriental, donde se representa una asamblea de los dioses que enmarca, en el centro, la ceremonia de ofrenda de la vestimenta.

Las tres parcas del frontón del Partenón (Museo Británico de Londres)

Copia romana del Diadúmeno (Museo Arqueológico Nacional de Atenas)

Detalle del friso de la columnata interior del Partenón (Museo de la Acrópolis, Atenas)

Renacimiento clásico y su diversidad

9:20 pm en Historia, Renacimiento de gentearte

Renacimiento clásico y su diversidad

El Cinquecento italiano, el siglo XVI, en un principio dividido por historiadores tales como Vasari en Alto y Bajo Renacimiento, está hoy en día en desuso, tendiéndose actualmente a comprender en Renacimiento Clasicista, primer Manierismo y Manierismo tardío hasta 1600.

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